Juan Manuel Chávez Rodríguez – escritor, profesor, director del grado de Comunicación en la Universidad del Atlántico Medio (UNAM)
Ha investigado en el norte de África, ha vivido en el continente europeo y proviene de América (concretamente de Perú). El escritor y profesor de literatura y comunicación Juan Manuel Chávez Rodríguez, sintetiza, según explica a Canarias Empresarial, “la simbología vinculada a la Universidad del Atlántico Medio (en Gran Canaria)”, donde ahora dirige el grado de Comunicación. Y explica que en el aula, aporta “una mirada del mundo diferentes”. “Porque hablo desde los Andes, desde Sudamérica y desde Latinoamérica, con experiencia en otras latitudes. Ese es un valor diferencial que percibo que los estudiantes valoran, en la medida que para su visión tienen a alguien que viene de ese mundo lejano que les da curiosidad”.
-¿Cuál ha sido su trayectoria profesional hasta llegar a ocupar este puesto actual?
“Yo me gradué en la carrera de Literatura en mi país que es Perú, e hice el máster en Valencia entorno a ‘Derechos humanos y desarrollo sostenible’. Siempre tuve la curiosidad multidisciplinaria. Y el doctorado lo hice en ‘Lenguas, literatura, cultura y sus aplicaciones ’. Cuando la Universidad me invita a formar parte de su claustro, yo vengo con ese bagaje. A eso se le añade, el ser extranjero, haber vivido en varios sitios, cierta experiencia en Barcelona vinculada a la investigación de migraciones y turismo, y a dos años de vida aquí vinculado al grado de comunicación y al quehacer con la comunicación, colaboraciones en medios de prensa de mi país y de Canarias… Y todo eso me termina ubicando como director del grado de Comunicación”.
-¿Qué novedades presenta su docencia para la Universidad del Atlántico Medio?
“La Universidad tiene un elemento clave. Es una universidad que está en el incentro de África, Europa y América en el imaginario cultural. En ese sentido, yo soy una persona que hizo investigación en el norte de África, por asuntos doctorales; que ha vivido en el continente europeo; y que proviene de América. En mí hay una síntesis de la simbología vinculada a la Universidad, y yo procuro mantener mi acento. La forma en que hablo sigue siendo un modo, que no es peninsular, tampoco catalán ni canario, porque creo que enriquece la diversidad. Entonces, mi presencia, en tanto latinoamericano, en tanto extranjero, le aporta esa diversidad. En el aula, aporta una mirada del mundo diferentes. Porque yo cuando hablo soy consciente de mi lugar de enunciación, y hablo desde los Andes, desde Sudamérica y desde Latinoamérica, con experiencia en otras latitudes. Ese es un valor diferencial que percibo que los estudiantes valoran, en la medida que para su visión tienen a alguien que viene de ese mundo lejano que les da curiosidad, y que, ojalá después de conocerme en el aula, les de interés y quieran también tender el puente para estrechar el mundo hispanohablante de modo mucho más sólido”.
-¿Cuáles son sus metas a largo plazo como director y como docente?
“Que mis estudiantes, en tanto canarios, miren muy bien, tengan bien claro, cuáles son las diferencias culturales y tecnológicos de Canarias. Me explico. A veces nos olvidamos que tenemos un observatorio astronómico en Canarias, y que el de Maspalomas es icónico. Que el hombre no llega a la Luna fácilmente sin el apoyo de Maspalomas a Cabo Cañaveral; que teneos un estratopuerto de Fuerteventura, y ahí hay algo que ver, de energía eólica, de energía solar. Hay un universo tecnológico vinculado a Canarias que no está puesto en el debate público y que puede generar identidad, orgullo y desafío. Me importa mucho que miremos todo este universo tecnológico vinculado a Canarias. Y luego, la cultura. Yo como extranjero estoy como una esponja: que viene finados, no tengo ni idea, pues vamos a revalidar. Había canciones de cuna canarias, diferentes a las peninsulares, ¿dónde están? ¿se van a perder? ¿vamos a dejar que se pierdan? Una sección de comunicación puede prestar atención a ello. Cultura y tecnología, el grado logra un valor diferencial en la conservación, difusión y puesta en valor de esas dos cuestiones”.
-¿Cuál es su visión de la universidad en este momento?
“En este momento la universidad está creciendo, y eso hace que sea emocionante, porque está creciendo desde una perspectiva, creo yo, acertadamente humanista, abierta a los desarrollos tecnológicos. En este contexto yo me veo ubicado en una posición que me permita asegurar que nuestros estudiantes de comunicación tengan cada vez más oportunidades laborales, cuando egresen, y que mientras están estudiando puedan perfeccionar su manejo de todo lo que implica los aparatos de audiovisuales, y también una búsqueda mucho más certera, mucho más profunda de las bases teóricas de la disciplina. ¿Que se va a notar en qué? En sus trabajos de fin de grado. De tal modo que esos trabajos de fin de grado sean aportes, no solamente a la universidad, sino a la comunidad canaria en general”.
-¿Qué es el liderazgo para usted?
“Para mi está construido sobre la base de tomar notas sobre lo que dicen las personas. No voy a una reunión sin una libreta y un lápiz para apuntar, y para preguntarle a las personas: ¿qué necesitan?, para que las cosas funcionen tan cual son las metas que nos hemos planteado. Y luego necesito que haya una conciencia sincera de que tenemos la voluntad de hacer las cosas bien. ¿Puedo yo haber sido elevado a mi nivel de incompetencia como director, y quizás no sirvo para esto? Pero le queda claro, y eso intento repetirle al equipo de docente y de estudiantes, que voy a dejar todo para que sientan que mi voluntad está puesta en que funcionen las cosas. Y para eso, lo primero que he hecho es escuchar y preguntarles ¿qué necesitan?”
-¿Hay que predicar con el ejemplo?
“Sí, yo creo que sí. Y eso va por varios lados. Es decir, si yo voy a pedirle en un trabajo de fin de asignatura a un estudiante que haga un reportaje fotográfico y textual sobre una isla del archipiélago, yo en el verano he ido a Lanzarote y a La Palma, y he traído mi propio reportaje, que se ha publicado en una revista. Necesito que vean que lo que les pido también lo puedo hacer yo. Si no lo estoy haciendo bien, aprenderemos conjuntamente. Pero sí, considero que hay un liderazgo que tiene que ver con ese trato horizontal, con autoridad, donde hay una visión entre colegas y una visión de formación con los jóvenes”.
-¿Cuáles son los principales desafíos a los que se enfrenta actualmente la universidad?
“Hay un desafío muy personal, y luego vamos al otro. Yo me defino como escritor, mi agencia literaria está en Barcelona, y un desafío para mi es compaginar una responsabilidad de gestión con ese ser mío creativo, artístico, del ser escritor. Entonces, tengo un desafió de aprendizaje personal. Eso por un lado, y por otro, hay un desafío también en el plano de la imagen de las humanidades. Creo yo que el debate publico hay una voz para los economistas, hay una voz para los abogados, hay una voz para los tertulianos, pero quizás no formados en comunicación. Creo que hay un desafío importante para el grado de convertirnos en protagonistas del debate de las comunicaciones, y esa voz hay que recuperarla. Mi objetivo en el grado tiene que ver con ese desafío: que logremos posicionar nuestra voz sensata, argumentada, profesional, en un universo donde además la comunicación está en medio entre los que se hace y lo que el público decide”.
-¿Qué impacto produce en la comunidad tener una buena formación?
“Tengo la convicción de que un estudiante de este grado ahora, con la dirección a mi cargo, se construye una perspectiva sobre la realidad, es decir, tenemos un discurso hegemónico sobre el tratamiento del turismo, un discurso hegemónico sobre el tratamiento de la emigración, un discurso hegemónico si compramos agua en garrafas o no. Tenemos discursos ya asentados. Comencemos a revistar cuántos de ellos son en verdad confiables, cuántos son solamente prejuicios, cuántos son tradiciones antiguas que no nos hemos replanteado con juicio crítico para tener nuevas perspectivas.
¿Qué puede hacer un estudiante bien formado? Salir al campo laboral, pero también a la sociedad, con una perspectiva fresca y nueva, con un modo de ver las cosas que no se habían visto antes así. Un cambio de perspectiva puede renovar una sociedad. Creo que hay un impacto concreto si los estudiantes del grado de comunicación encuentran nuevas perspectivas para mirar el mundo, y aportarle eso a su sociedad.
Se trata de la apuesta en valor del conocimiento. Hubo un momento en el cual, al inicio del siglo XXI, parecía mal visto leer un libro y tener conocimiento, como si fuera una cosa ‘viejuna’, renacentista, que no te permitía dialogar con el presente. Hay que volver a recoger el valor del conocimiento para poder tender puentes. Una cuestión muy bonita del conocimiento, y uso bonita con toda conciencia de la palabra, es que si no eres un cretino, y la universidad ayuda a que no lo seas, tu conocimiento te puede hacer una persona que comprende mejor a los demás. Una persona formada, con decencia y con dignidad, puede aportar a la cohesión social, y ese impacto me importa”.
-¿Alguna persona, algún libro, alguna experiencia ha tenido influencia significativa en su vida?
“Más allá de todos los defectos que tengo como persona, que yo me los conozco, y todos esos pasajes oscuros que forman parte negra de mi personalidad, hay algunas virtudes. Y esas virtudes que he ido construyendo conmigo ha sido gracias a un puñado de mujeres que estuvieron a cargo de algo en mi vida: una tutora en el trabajo de fin de grado; mi mentora en Barcelona, que es además la patrona de la Biblioteca Nacional de España; una jefa en el decanato de la Universidad; una jefa en el ámbito editorial de SM…
Si algunas virtudes tengo han sido posibles porque hubo mujeres que me mostraron cómo intentar ser un hombre mejor en un mundo donde los hombres hemos tenido menos dificultades. Si bien hay libros que influencian, películas que me influencian, yo reivindicaría el rol de mis jefas y tutoras en mi vida.
A los hombres nos pasan muchas cosas, y entre ellas está que nos cuesta mucho aceptar todo lo que ignoramos. Y con esas mujeres, por lo menos en el ámbito laboral y amical asumí la posición, bonita también, de querer aprender, y eso está muy bien. Porque necesitamos seguir aprendiendo permanentemente, pero no contenidos solamente, sino a ser personas. Y ese recorrido es muy difícil, creo que la empresa más difícil del mundo. Y en eso me pasa algo también: la ética del estudio la tengo de mis padres, porque ellos no tuvieron la oportunidad de ir a la universidad. Yo soy lo que se llama un estudiante de primera generación. Ellos no pudieron, pero yo tenía que ir, y no iba a dejar pasar la oportunidad. Luego tengo una esposa que es mi máxima aspiración. Yo puedo arruinar mi vida de muchísimos modos, puedo ser un pésimo docente, un malísimo director, puedo ser un escritor mediocre, pero por lo menos tengo que ser un buen esposo. Si de eso no sirvo, ya para qué”.

