viernes, 10 julio , 2026

FOMO o JOMO: dos formas de vivir, dos formas de decidir

El caso de David

Hace unas semanas comenzó un proceso de mentoría conmigo un director de operaciones al que llamaré David.

No tenía un problema de conocimientos. Tampoco de experiencia. Llevaba años dirigiendo equipos y obteniendo buenos resultados.

Sin embargo, había algo que le estaba pasando factura.

Aceptaba prácticamente todas las reuniones.

Respondía los mensajes en cuanto llegaban.

Se apuntaba a todos los cursos que le parecían interesantes.

Leía varios libros al mismo tiempo.

Escuchaba podcasts mientras conducía.

Seguía a decenas de referentes en LinkedIn y Substack.

Y, aun así, tenía la sensación de que siempre llegaba tarde.

Cuando le pregunté por qué hacía todo eso, me respondió sin dudar:

Tengo miedo de perderme algo importante.

Aquella respuesta resumía perfectamente lo que le estaba ocurriendo.

No estaba gestionando su agenda. Estaba siendo dirigido por ella.

Vivimos en la era de las oportunidades infinitas

Nunca antes habíamos tenido acceso a tanta información, tanta formación y tantas posibilidades de desarrollo profesional y personal.

Cada día aparecen nuevos libros, nuevos cursos, nuevas metodologías, nuevas herramientas de inteligencia artificial, nuevos eventos y cientos de publicaciones que prometen enseñarnos «lo que no puedes dejar de saber».

Paradójicamente, cuanto mayor es la oferta, más difícil resulta decidir: elegir una opción, implica renunciar a todas las demás.

El FOMO: cuando el miedo decide por nosotros

A este fenómeno se le conoce como FOMO (Fear Of Missing Out), el miedo a perderse algo.

No se trata únicamente de revisar las redes sociales constantemente.

También aparece cuando:

  • Aceptamos proyectos que realmente no podemos asumir.
  • Nos cuesta decir «no» por miedo a cerrar una puerta.
  • Compramos cursos que nunca terminamos.
  • Cambiamos continuamente de estrategia porque parece que otros están avanzando más deprisa.
  • Saltamos de una idea a otra sin profundizar en ninguna.

No se trata de querer aprender, es el intentar llegar a todo al mismo tiempo. El FOMO nos hace sentir que siempre existe una decisión mejor que la que acabamos de tomar.

Y vivir con esa sensación termina agotando.

La otra cara: el JOMO

Existe un concepto mucho menos conocido.

El JOMO (Joy Of Missing Out).

No significa resignarse. Tampoco conformarse.

Significa aceptar conscientemente que no podemos estar en todo y que eso no solo es normal, sino necesario.

Las personas que desarrollan esta mentalidad entienden que cada «sí» lleva asociado muchos «no». Y, lejos de generarles ansiedad, esa renuncia les permite concentrar su energía donde realmente aporta valor.

No buscan hacer más. Buscan hacer mejor.

Durante la sesión con David le hice una pregunta mis preguntas mágicas:

¿Qué oportunidades has perdido por intentar no perderte ninguna?

Se quedó en silencio.

Empezó a reflexionar que mientras trataba de estar presente en todo, llevaba meses posponiendo el proyecto estratégico que podía transformar su departamento.

Su agenda estaba llena, su progreso, no tanto.

Y esa es una realidad que observo con frecuencia en profesionales, emprendedores y directivos.

No fracasan por falta de capacidad, fracasan porque dispersan su atención, por no tener foco.

Hasta aquí hemos hablado del problema.

Sabemos qué son el FOMO y el JOMO y cómo pueden influir silenciosamente en nuestra forma de trabajar, decidir y liderar.

Pero comprender el problema no basta para resolverlo.

Porque el objetivo no es hacer menos. Es decidir mejor.

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