Por Matías Fonte-Padilla
Una vez se ha incorporado un nuevo trabajador surgen nuevos retos que tú, como empresario, vas a tener a afrontar. Si eres capaz de recordar lo que sentiste tú la primera vez que entraste a un nuevo trabajo, te será más fácil ponerte en la piel de tu nuevo empleado. Lleno/a de inseguridad y nerviosismo, con ilusión por empezar a trabajar, y aterrado/a por las dudas. Con pies de plomo, trata de preguntar todo antes de hacer nada, y espera pacientemente a que le digan cómo tiene que hacer su trabajo.
Esta es tu oportunidad. Justo al inicio de su incorporación es cuando puedes moldear al trabajador y hacerlo a tu mano, explicarle como quieres que se haga todo. Él/ella escuchará con atención y lo hará, porque está empezando en tu empresa. Si dejas pasar este momento, de todos modos aprenderá, pero de lo que vea, sacando sus propias conclusiones, que a lo mejor no coinciden con tus intenciones.
Por ello, debes guiarlo/a dentro de tu organización desde el inicio. Cuanto mejor tengas organizada la incorporación de tu nuevo trabajador/a, mejor será su inicio y la empresa obtendrá más beneficios por contar con nuevo capital humano, que, recuerda, es el factor más importante en cualquier negocio. He aquí algunos consejos sobre la incorporación de nuevo personal:
Primero. No dejes que se sienta solo/a. Desde el principio tiene que sentir que se está incorporando a una empresa perfectamente organizada. Tienes que ofrecerle un dossier con toda la información general sobre tu empresa, y sobre su puesto de trabajo. Preséntalo adecuadamente a los trabajadores actuales, y guíalo hacia su puesto de trabajo. Demuestra que en tu empresa hay un verdadero equipo donde hay que ayudarse continuamente.
Segundo. No dejes pasar los roces y fricciones. Como tendrá bien definidas sus funciones, sus responsabilidades y su puesto, no tiene por qué haber demasiados roces. Si no lo defines bien, cada nuevo trabajador se expande como un globo hasta que se encuentra con las paredes de los otros globos, que ejercerán presión contra él. Sobre todo, tiene que tener claro a quién preguntar las dudas, que serán muchas al inicio. Tienes que estar atentos a los conflictos entre trabajadores, porque rara vez te lo van a comentar, a no ser que tú fomentes la comunicación en tu empresa. Y si tú no sabes que hay un problema, pues tampoco lo podrás solucionar, lo que hará que se vaya agravando, y un día estalla una verdadera guerra de la que tú no sabes nada. Por eso hay que actuar de inmediato contra cualquier abuso de poder o de roce, solucionarlo sobre la marcha, y si es necesario sancionar a quien corresponda. No dejes pasar las pequeñas piedras en tu zapato, o te terminarán haciendo heridas que te impedirán caminar.
Tercero. Fomenta el crecimiento personal. Tú has contratado a alguien por su perfil profesional, pero esa persona tendrá muchas habilidades que tú desconoces, y que son útiles para tu organización, aunque no estén demasiado visibles a primera vista. Por eso debes estar pendiente de él/ella hasta conocerlo bien, para ver qué más puede aportar. Quizás sepa organizar eventos, tocar instrumentos musicales, diseño gráfico o ser persuasivo al hablar por teléfono. Tienes que descubrirlo, y potenciarlo. Porque esa habilidad que lleva dentro, y que fuera de su trabajo quizás la realiza como hobby, es la que realmente le hace feliz. Si logras que la haga en tu organización, tú obtendrás mayor rendimiento de tu trabajador y él/ella estará más satisfecho trabajando. Deja además que aprenda todo lo que pueda y quiera. Quizás lo contrataste para un puesto, pero con el tiempo quizás termine en otro diferente, más acorde a las necesidades de la empresa y a sus preferencias personales. Anímalo a hacer cursos de formación, a reciclarse y mantenerse siempre activo. Si ves que es una persona poco receptiva a aprender, sabes que no crecerá con tu organización ni se adaptará bien a la evolución del negocio, por lo que no podrás contar con él/ella a largo plazo.
Cuarto. Fomenta la flexibilidad y cambio. Los trabajadores, y en general todas las personas, nos acomodamos rápidamente, nos adaptamos de tal manera a una situación determinada que después somos reacios al cambio. De hecho, vamos personalizando nuestro puesto de trabajo hasta hacerlo totalmente nuestro. Pero el crecimiento de una organización exige cambios y adaptaciones casi continuas, y los trabajadores deben estar preparados para ello. Esto solo se consigue si desde el primer día que entra un nuevo trabajador le explicas esta filosofía, y si cada poco tiempo vas realizando cambios que le afecten, de forma que se acostumbre a esta forma de trabajar. Pero si lo dejas 5 años haciendo lo mismo y ahora le exiges que cambie, vas a encontrarte con su oposición frontal, con la famosa frase “pero si aquí siempre las cosas se han hecho así”. Escucha a tus empleados, y cuando te pidan algunos cambios, si los ves lógicos, no dudes en hacerlos, porque así los acostumbras a que haya cambios y también se sienten recompensados porque han sido escuchados. Muchas veces un trabajador no necesita demasiado para sentirse a gusto trabajando, pero si eso no se lo das, él/ella lo recordará cada día que vaya a trabajar.
Recuerda que incorporas a una persona, con múltiples cualidades y defectos. Obtener el máximo rendimiento de ella al mismo tiempo que logras que se sienta integrada y cómplice con tu organización debe ser tu objetivo. No es nada fácil. Y gestionar las relaciones entre tus trabajadores es una labor muy importante para que tu empresa tenga éxito. Si lo que tienes es una jauría de lobos, difícilmente lograrás que tu negocio salga adelante. ●