Nieves Luisa Cabrera – encargada de la obra de restauración de la Casa Salazar y miembro de la empresa In Situ S.L
La restauradora palmera Nieves Luisa Cabrera, encargada de la obra de restauración de la Casa Salazar de Santa Cruz de La Palma defiende el papel de los licenciados de Bellas Artes especializados en Restauración en los proyectos de restauración de edificios, porque “saben lo que hacen y hasta donde pueden llegar”. Según explica a CANARIAS EMPRESARIAL, en la limpieza de una fachada “es importante saber dónde está la suciedad y dónde la pátina de envejecimiento de la piedra, que hay que respetar”.
La casa Salazar del siglo XVII, considerado el más importante de la arquitectura civil en La Palma, tenia deteriorada su fachada por el ataque de sales, el efecto del agua de lluvia y la contaminación. Ahora se ha limpiado y “se ha devuelto a la piedra una estructura interna fuerte para que no se siga disgregando”, para “conservarla a lo largo de los siglos, como ha llegado a nuestros días”.
-¿Qué tipo de intervención se ha hecho en la Casa Salazar?
“Fue una restauración íntegra de la fachada de piedra, conservativa pero también de restauración. La piedra necesitaba hacer todo un tratamiento, de conservación, de reintegración de zonas que tenía perdidas, deterioradas, muy alveolizada, muy atacada de sales. Aparentemente la fachada estaba en un estado aceptable, pero una vez que nos pusimos a trabajar, vimos que había sufrido una intervención anterior, entre los años 1984 y 1986, en todo el edificio. La intervención en la fachada no constaba en ningún documento, pero se hicieron reintegraciones de volúmenes, injertos, cambios de morteros entre las juntas. Estos últimos, ahora, se decidieron retirar porque muchos estaban alterados. Además, en muchas zonas, debido a las sales, se había producido una arenización, que es como el azúcar apelmasado que cuando se toca, caen los granos. La estructura interna de la piedra se había alterado debido a las sales y a la polución, por eso hubo que darle un producto para devolver a la piedra una estructura interna fuerte para que no se siga disgregando en superficie. Después, se aplicó a la fachada un tratamiento de protección final de la piedra con un producto hidrofugante para atenuar los efectos del agua y las sales, sin afectar a la porosidad de la piedra”.
-¿Es una intervención definitiva? ¿Cuánto puede durar esa intervención?
“Esto puede durar 30 años o más. Pero nos dimos cuenta de otro problema, del que hablamos con el personal del Cabildo y con Teresa, la arquitecta que dirigió el proyecto, que es el antepecho que había sobre el frontón partido, que durante la intervención de 1986 se quitó. Ahora termina con un alero de tejas que sobresale 15 centímetros sobre la vertical. Sobre los elementos escultóricos de la fachada caen chorros de agua de lluvia provenientes de los canales de las tejas. Eso ha acelerado el proceso de deterioro de la fachada. El antepecho, que se retiró en 1986, recogía toda el agua de la cubierta y la desaguaba por el lado derecho de la fachada. Ahora se han presentado al Cabildo tres posibles soluciones para arreglar este problema”.
-¿Y se solucionó finalmente?
“No, porque en el presupuesto de la obra actual no cabía ese trabajo. Las tres propuestas que deberá estudiar el Cabildo, y llevar a cabo alguna, porque esto dará la vida a la fachada, son: poner un canal, pero habría que verlo con la normativa del ayuntamiento; volver a levantar el antepecho, el murete; y aumentar el alero, que es la menos viable porque alteraría en mayor medida el aspecto de la fachada”.
-¿Las sales son el principal problema de los edificios históricos canarios?
“Sí, de los canarios y de cualquiera que esté cerca del mar. Por ejemplo, la catedral de Cádiz también tiene ese problema, pero además, la piedra de ese fachada es caliza, de estructura más débil. La ventaja de los edificios históricos canarios es que la piedra que se ha usado es de origen volcánico, basalto que tiene una estructura más fuerte. Los hay de diferentes tipos, por ejemplo, la casa Salazar tiene cuatro tipos de basalto, que hacen un juego muy bonito de diferentes colores, desde los marrones a los grises”.
-¿Y la contaminación?
“Cuando se combina las sales marinas flotando en el ambiente, con la contaminación que está en la atmósfera, dióxido de carbono y demás agentes contaminantes, y llueve, cae sobre la piedra, y exagerándolo podemos decir que cae un chorro de productos nocivos. Los efectos de la contaminación provocan en la piedra la aparición de una costra negra. Pero en el caso de la casa Salazar no era muy evidente”. “Donde sí se notaba mucho, por la contaminación y por los orines de los perros, era en la parte baja de la fachada, en la base de las pilastras. Cuando se retira esa costra negra, que es muy dura, se ve que la piedra está muy arenizada, y eso hace que los relieves se empiecen a desfigurar. Eso pasaba mucho en la parte izquierda de la columna superior del balcón y en la inferior, que tenía unas pérdidas de volumen muy grande; y en el escudo de mármol blanco, que descubrimos que también estaba policromado y con mármol rosa embutido en el blasón y las flores de lis. Estaban muy castigados por el sol, el viento y la lluvia. Lo consolidamos y se reintegró el volumen con un mortero de restauración que es reversible, que cuando llueve se nota donde está”.
-¿Eso es un defecto?
“No, en restauración siempre hay que hacer prevalecer lo que ha llegado hasta nuestra época, y se tiene que ver donde hemos intervenido, porque si no, lo que estamos haciendo es una falsificación de la historia. En arquitectura se consigue bajando el tono de las reintegraciones que se hacen, para que se note”.
-¿Que otros elementos se modificaron en la intervención del año 1986?
“Fue una rehabilitación-restaurativa. El edificio ya estaba muy tocado, porque por ejemplo las dos ventanas de abajo se habían convertido en puertas para instalar un comercio. Y en la intervención de 1986 se volvieron a convertir en ventanas. Ahora nosotros repusimos cuatro piedras que tenían un ataque de sales muy grave. En realidad no las repusimos enteras, porque los sillares son de más de 50 centímetros de fondo, sino que hicimos un cajeado, limpiamos y colocamos piedras similares pero con un tono diferente”.
-¿Este tipo de proyectos requiere del trabajo de equipos grandes?
“Sí, yo siempre lo he dicho. Este tipo de proyectos necesitan ser ejecutados por un equipo multidisciplinar. Yo era la encargada de la obra, pero la dirección técnica la llevaba una arquitecto, quien contactó con nuestra empresa, nos encargó el proyecto de restauración, que se llevó a la comisión de patrimonio y se aceptó. El equipo de trabajo estaba formado por dos maestros canteros con experiencia en restauración, y yo como restauradora coordinando los trabajos. Pero en todo momento es un trabajo de equipo. En el caso de la casa Salazar, los canteros me hicieron algunas recomendaciones de cómo debía hacer la limpieza, porque fue un trabajo complejo. Casi toda la piedra se limpió de forma manual, con cepillo y con lápices de fibra de vidrio, para no deteriorar la pátina de envejecimiento de la piedra, que hay que respetarla, porque si lo hubiéramos hecho con métodos más abrasivos, podríamos desgatar la piedra”.
-¿Es frecuente que en Canarias, en proyectos de este tipo, trabajen restauradores?
“No sé si suele haber. He trabajado mucho en la Península. Estudié fuera y tuve la suerte de empezar a trabajar en la empresa In Situ dos años después de terminar. En todas las intervenciones que hacemos en la Península hay un equipo enorme de personas, en el que siempre hay especialistas en restauración, o por lo menos restauradores que coordinen los trabajos. Algunas veces la piedra está en tan mal estado que con solo mirarla se deteriora. Por eso la presencia de un restaurador es muy importante, porque sabe lo que hace y hasta donde puede llegar, aunque luego la dirección de la obra le pida que limpie más, pero siempre se trabaja de menos a más. Por ejemplo, en la catedral de Burgos, a unos 30 metros de altura, en una columna, estaban los rostros desfigurados de los reyes visigodos. Pero a esa altura no es necesario que la fisonomía de la cara esté totalmente definida, porque el ojo la completa, y no es necesario añadir nada”.
-¿Los restauradores de edificios están especializados en ese tipo de trabajos?
“Eso te lo va dando la vida y el trabajo. En la carrera se trata de todo, hasta intervenciones en papel y tejidos, pasando por pintura, escultura, metales, piedra… Se trabaja en construir moldes, en tallar. En el trabajo del día a día se aplica todo eso”. ●