sábado, 12 septiembre , 2026

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Canarias ante su gran dilema: crecer turísticamente sin dejar de ser habitable

El verdadero reto del Archipiélago ya no debería medirse únicamente en número de visitantes, sino en la capacidad de convertir el éxito turístico en bienestar, oportunidades y calidad de vida para quienes viven en las islas.

Canarias ha demostrado durante décadas que sabe atraer turistas. Sus paisajes, su clima, su conectividad, su oferta alojativa y su capacidad para construir una potente industria turística han convertido al Archipiélago en uno de los grandes destinos internacionales.

Pero precisamente porque el turismo funciona, Canarias se encuentra ahora ante una pregunta mucho más compleja:

¿Podemos seguir creciendo turísticamente sin poner en riesgo aquello que hace que las islas sean un buen lugar para vivir?

La pregunta no pretende enfrentar turismo y ciudadanía. Todo lo contrario. Pretende recordar que el turismo solo será verdaderamente sostenible si también lo es la vida cotidiana de quienes residen en el destino.

Y este debate ya no es futuro. Está ocurriendo ahora.

Más turistas no significa necesariamente más bienestar

Durante mucho tiempo hemos utilizado determinadas cifras como principal termómetro del éxito turístico: número de visitantes, ocupación hotelera, conectividad aérea, gasto turístico o ingresos.

Son indicadores importantes, pero quizá ya no sean suficientes.

El turismo genera empleo, actividad empresarial, inversión y oportunidades. Es una de las grandes locomotoras de la economía canaria y sería absurdo negar su importancia.

El problema aparece cuando confundimos crecimiento con progreso.

Una economía puede crecer y, al mismo tiempo, una parte de la sociedad puede tener dificultades crecientes para acceder a una vivienda, desplazarse, encontrar determinados servicios o desarrollar su proyecto de vida.

Ahí es donde Canarias necesita abrir una nueva conversación.

El próximo Overbooking Gran Canaria & Hosteltur Summit, que se celebrará el 17 de septiembre en Las Palmas de Gran Canaria bajo el lema «Turismo, comunidad y convivencia», pone precisamente el foco en esa relación entre visitantes, residentes y territorio.

No parece casualidad.

La vivienda se ha convertido en uno de los grandes termómetros

Hablar del futuro turístico de Canarias sin hablar de vivienda sería quedarse a mitad del camino.

El precio de la vivienda continúa aumentando. En el segundo trimestre de 2026, Canarias registró un incremento interanual cercano al 11 %, según los datos difundidos recientemente, mientras la problemática habitacional ocupa cada vez más espacio en el debate social y político del Archipiélago.

La vivienda turística forma parte de esta ecuación, aunque no sea el único factor que explica el problema.

La propia planificación turística de Canarias reconoce que el crecimiento de las viviendas de uso turístico está transformando el mapa alojativo y generando tensiones relacionadas con el acceso a la vivienda y la presión sobre los servicios públicos.

Por eso el debate debería alejarse de posiciones demasiado simples.

No se trata de demonizar al propietario de una vivienda turística. Tampoco de señalar al turista como responsable de los problemas de los residentes.

Se trata de ordenar.

Un destino turístico de éxito necesita viviendas para sus trabajadores, servicios públicos dimensionados, infraestructuras suficientes y ciudades donde sus residentes puedan seguir desarrollando una vida normal.

Si no somos capaces de garantizarlo, estaremos construyendo un destino magnífico para visitar, pero cada vez más difícil para vivir.

El territorio también tiene un límite

Canarias tiene una particularidad que no podemos ignorar: somos islas.

El territorio no puede crecer.

El agua no es infinita.

Las carreteras tienen una capacidad determinada.

Los recursos naturales son limitados.

Y nuestros espacios naturales necesitan protección.

Por eso el modelo turístico del futuro no puede basarse exclusivamente en una lógica de volumen.

Necesitamos avanzar hacia una lógica de valor.

Más gasto que revierta en empresas locales.

Más empleo cualificado.

Más innovación.

Más producto canario.

Más experiencias vinculadas al territorio.

Más desconcentración de los flujos turísticos.

Más turismo durante todo el año.

Y menos presión sobre aquellos espacios que ya están sometidos a una elevada intensidad de uso.

La desestacionalización puede convertirse aquí en una oportunidad. El turismo está modificando sus patrones de viaje y septiembre y octubre están ganando protagonismo frente a los tradicionales meses de verano.

Canarias, por clima y conectividad, tiene una ventaja extraordinaria para aprovechar esa transformación.

¿Y qué ocurre con el agua?

Hablar de crecimiento turístico también significa hablar de recursos.

El agua es probablemente uno de los mejores ejemplos.

Un estudio reciente de la Fundación Renovables estima que el consumo diario de agua de un turista puede situarse entre 300 y 1.000 litros, dependiendo de factores como el destino, la temporada y las actividades realizadas, frente a los aproximadamente 127-140 litros diarios de una persona residente en España.

Más allá de las cifras concretas —que pueden variar considerablemente según el tipo de alojamiento y actividad— el mensaje es evidente:

Cada nuevo crecimiento turístico tiene una huella física.

Por eso el turismo del futuro deberá ser mucho más eficiente.

Hoteles capaces de reducir consumos.

Sistemas inteligentes de detección de fugas.

Reutilización de agua.

Desalación más eficiente.

Tecnología aplicada a la gestión.

Energías renovables.

Economía circular.

Y, sobre todo, una nueva cultura empresarial en la que ahorrar recursos no sea solamente una cuestión medioambiental, sino también económica.

Turismo y agricultura: dos sectores que deberían mirarse más

Existe otra cuestión que merece mucha más atención: la relación entre turismo y producción local.

Canarias produce actualmente alrededor del 24 % de los alimentos que consume, muy por debajo del 45 % de autoabastecimiento recomendado para territorios insulares según el dato difundido recientemente.

La cifra debería hacernos reflexionar.

Tenemos millones de visitantes cada año y, al mismo tiempo, un sector primario que necesita ganar rentabilidad, relevo generacional y acceso a recursos como el agua.

¿Por qué no convertir al turismo en uno de los grandes clientes estratégicos del producto canario?

Hoteles, restaurantes, mercados, experiencias gastronómicas y operadores turísticos pueden desempeñar un papel fundamental.

Porque comprar producto local no es solamente consumir.

Es mantener actividad económica.

Es generar empleo.

Es conservar paisaje.

Es mantener tradiciones.

Y es reducir, en determinados productos, la dependencia exterior.

El turismo puede ser parte del problema o puede convertirse en uno de los grandes aliados del sector primario canario.

La tecnología no debe servir solamente para atraer más turistas

Canarias habla cada vez más de inteligencia artificial, digitalización y destinos inteligentes.

Y está bien.

Pero deberíamos hacernos una pregunta:

¿Estamos utilizando la tecnología solamente para vender mejor el destino o también para gestionarlo mejor?

La verdadera revolución tecnológica del turismo canario debería ayudarnos a anticipar problemas.

Saber dónde se concentra la movilidad.

Predecir necesidades de agua y energía.

Gestionar mejor los residuos.

Detectar saturación de determinados espacios.

Distribuir los flujos turísticos.

Conocer mejor las necesidades del visitante.

Y también conocer mejor las necesidades del residente.

La inteligencia artificial puede ayudarnos a tomar decisiones más precisas, pero nunca debería sustituir una cuestión fundamental:

¿Qué Canarias queremos construir?

El turista también está cambiando

El viajero ya no busca únicamente sol y playa.

Quiere experiencias.

Quiere gastronomía.

Naturaleza.

Bienestar.

Cultura.

Autenticidad.

Turismo activo.

Conexión con el territorio.

Y cada vez existe una mayor sensibilidad hacia destinos que demuestran compromiso con su entorno.

Aquí Canarias tiene una enorme oportunidad.

Nuestro futuro no debería consistir en competir únicamente por ser un destino barato, accesible o masivo.

Tenemos que competir por ser un destino relevante, auténtico, sostenible y capaz de generar valor.

Canarias no necesita menos turismo; necesita mejor turismo

Esta puede ser una de las conclusiones más importantes.

El debate no debería reducirse a:

turismo sí o turismo no.

La pregunta correcta es:

¿qué turismo queremos?

Queremos un turismo que genere empleo.

Que impulse a las pymes.

Que compre producto local.

Que valore nuestra cultura.

Que contribuya a conservar nuestros paisajes.

Que ayude a financiar servicios e infraestructuras.

Que genere oportunidades para los jóvenes.

Que favorezca la innovación.

Y que permita que el residente no sienta que el desarrollo turístico ocurre a costa de su propia calidad de vida.

Canarias no tiene que renunciar a su principal industria.

Tiene que evolucionarla.

El verdadero éxito turístico será que Canarias siga siendo Canarias

Quizá este sea el gran desafío de la próxima década.

No se trata únicamente de recibir más visitantes.

Se trata de conseguir que dentro de diez años podamos seguir hablando de Canarias como un destino extraordinario y como un lugar extraordinario para vivir.

Que un joven pueda desarrollar aquí su proyecto profesional.

Que una familia pueda acceder a una vivienda.

Que nuestros agricultores encuentren rentabilidad.

Que nuestros recursos naturales estén protegidos.

Que nuestras infraestructuras estén preparadas.

Que nuestros municipios tengan servicios adecuados.

Y que quien nos visita pueda disfrutar de una experiencia de calidad sin que esa experiencia suponga deteriorar la vida de quienes viven aquí.

Porque el turismo no puede ser un fin en sí mismo.

Debe ser una herramienta para construir prosperidad.

Canarias tiene ante sí una oportunidad histórica: pasar de medir su éxito turístico principalmente en volumen a medirlo también en valor, bienestar, sostenibilidad y futuro.

Y quizá la pregunta que deberíamos hacernos ya no sea cuántos turistas queremos que lleguen a Canarias.

Quizá la pregunta sea mucho más profunda:

¿Qué Canarias queremos que encuentren nuestros visitantes y, sobre todo, qué Canarias queremos dejar a quienes vendrán después de nosotros?

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