viernes, 24 julio , 2026

Laura García: “En Feroz nunca hemos entendido el zapato como...

Laura García: “En Feroz nunca hemos entendido el zapato como un producto aislado sino unido al movimiento libre, autonomía, crianza, familia, comunidad y respeto a la infancia”

Laura García – diseñadora industrial grancanaria, fundadora y CEO de Feroz (antes Zapato Feroz)

Convertida ya en un referente del calzado respetuoso, en toda España, la firma valenciana Feroz (antes Zapato Feroz), en su décimo aniversario mantiene su empeño en no entender el zapato “como un producto aislado sino unido al movimiento libre, autonomía, crianza, familia, comunidad y respeto a la infancia”. Así lo explica a Canarias Empresarial la diseñadora industrial grancanaria, fundadora y CEO de Feroz, Laura García, quien explica que sus zapatos están diseñados “para interferir lo mínimo posible en el movimiento natural del pie”. “Para nosotros, el zapato no tiene que sujetar, corregir ni dirigir el pie. Tiene que acompañarlo, protegerlo y dejar que se mueva”. Además de tener la sede de la empresa y una gran tienda en Valencia, la firma tiene una tienda online específica para Canarias y una tienda física en Las Palmas de Gran Canaria.

– Siendo de Gran Canaria, ¿qué le motivó a afincarse en Valencia?

“Estudié Ingeniería en Diseño Industrial en la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria. Era el primer año que se impartía allí la carrera y, como me gustaba muchísimo, pensé que sería buena idea buscar algún lugar de España donde llevan más años enseñándola y estuviera más consolidada.

Así acabé en Valencia. Después encontré trabajo, conocí a mi pareja y me fui quedando. Al final, la vida te va llevando. Aunque llevo muchos años aquí, toda mi familia sigue viviendo en Gran Canaria y continúo muy vinculada a las islas”.

– Como diseñadora industrial, ¿qué le llevó a especializarse en calzado?

“Cuando terminé la carrera trabajaba en Valencia diseñando un poco de todo: muebles, tazas y otros productos. Hasta que un día me encargaron diseñar un zapato.

Recuerdo perfectamente que les dije que lo tendría preparado en seis meses y me contestaron que lo necesitaban en seis días. Ahí entendí que el mundo de la moda iba bastante más rápido de lo que yo imaginaba.

Empecé a diseñar zapatos y me apasiona. El calzado tiene muchísimos detalles técnicos: las suelas, los materiales, la construcción, el desgaste… Hay que pensar que es un producto que soporta todo el peso del cuerpo y que, literalmente, se arrastra por el suelo. No basta con que sea bonito, tiene que estar muy bien diseñado desde el punto de vista de la ingeniería.

Creo que ese enfoque técnico me ayudó mucho a diferenciarme. La mayoría de las personas que diseñan zapatos procedían del mundo de la moda y había pocos ingenieros dedicándose al calzado. Para mí fue una forma de encontrar mi sitio y de aportar una mirada distinta”.

– Antes de fundar Feroz, hace diez años, ¿había trabajado en el diseño de zapatos para niños?

“Antes de fundar Feroz llevaba más de doce años trabajando como diseñadora de calzado para marcas como Gabor, Pikolinos y otras firmas internacionales, pero nunca había diseñado zapatos infantiles.

Mi interés por el calzado infantil apareció cuando fui madre. Entonces me hice una pregunta muy sencilla: si sé tanto de zapatos, ¿cuáles serían realmente los mejores para mi hijo?

Y a partir de ahí empezó todo”.

– ¿Qué le motivó a fundar Feroz?

“En aquel momento trabajaba para una empresa alemana y me llamaba mucho la atención la diferencia que existía entre Alemania y España a la hora de entender el desarrollo de los pies infantiles.

Allí estaba mucho más extendida la idea de caminar descalzo, de dejar que el pie se moviera y de utilizar zapatos que interfirieran lo mínimo posible. Sin embargo, muchos de los modelos respetuosos que existían entonces tenían suela de piel y en España se veían casi como zapatillas de estar por casa.

Nosotros queríamos hacer algo diferente: crear un zapato muy blando, flexible y respetuoso, pero que por fuera pareciera un zapato normal.

Lo llamábamos, medio en broma, el “zapato de abuelas contentas”, porque las abuelas lo veían y pensaban que era un zapato de toda la vida, aunque en realidad era muy blandito. También hablábamos del “zapato blando camuflado”. Esa fue la idea con la que nació Zapato Feroz.

Además, en aquella época yo viajaba muchísimo por trabajo. Crear nuestro propio proyecto también fue una manera de intentar conciliar, organizar mejor mi tiempo, estar presente durante la infancia de nuestro hijo y, al mismo tiempo, seguir desarrollándome profesionalmente”.

– ¿Cómo es ahora el calzado que produce Feroz?

“Nuestros zapatos son blandos, ligeros y muy flexibles. Están diseñados para interferir lo mínimo posible en el movimiento natural del pie. Para nosotros, el zapato no tiene que sujetar, corregir ni dirigir el pie. Tiene que acompañarlo, protegerlo y dejar que se mueva.

Trabajamos junto a podólogos y otros especialistas, utilizamos materiales europeos, de cercanía y libres de sustancias tóxicas, y toda nuestra producción se realiza en Europa.

Intentamos reducir al máximo el impacto de nuestros productos porque, como solemos decir, queremos que quien deje huella en el planeta sea la persona y no el zapato.

Además, nuestros zapatos tienen muchísimo desarrollo técnico detrás. Al haber sido una de las marcas pioneras en calzado respetuoso en España, hemos realizado muchos ensayos, análisis y estudios científicos.

Uno de los proyectos más importantes en los que estamos participando actualmente analiza a peques que llevan cerca de diez años utilizando zapatos Feroz. Queremos estudiar cómo están sus pies y qué resultados tiene a largo plazo haber utilizado durante tantos años un calzado que respeta su movimiento natural”.

– ¿Tiene una fábrica propia?

“Tenemos una fábrica en Portugal que trabaja exclusivamente para nosotros.

Es una fábrica con una historia muy especial. Durante la pandemia estuvo a punto de cerrar y fueron sus propios trabajadores quienes decidieron comprar la empresa para salvarla.

Actualmente fabricamos allí alrededor de 260.000 pares al año y llevamos unos ocho años trabajando con el mismo equipo.

Esa relación tan cercana nos permite tener mucha agilidad y mejorar continuamente. La gente de la fábrica conoce perfectamente nuestros zapatos, entiende lo que buscamos y pone muchísimo cuidado y muchísimo amor en cada producto.

Para nosotros no son simplemente un proveedor. Hemos crecido juntos y forman parte de Feroz”.

– La tienda de Feroz, Ferozland, tiene en el exterior un parque infantil donde los niños pueden probar sus zapatos. ¿Es una idea original de su marca o existen otras tiendas de ese tipo?

“En Valencia tenemos un terreno de unos 4.000 metros cuadrados donde están nuestras oficinas, la tienda, una sala polivalente y un parque exterior enorme.

La zona donde están los zapatos es, en realidad, muy pequeñita. La mayor parte de Ferozland está dedicada a la naturaleza, al juego y al movimiento libre.

La sala polivalente la utilizamos para organizar charlas, eventos y colaboraciones con profesionales y con otras marcas. También se alquila para desarrollar actividades. La idea es que sea un espacio que aporte algo a la comunidad y no únicamente un lugar en el que vender zapatos.

Para crear el parque nos hemos apoyado en conocimientos sobre neurociencia y desarrollo infantil. Hay muchos juegos abiertos, en los que no existe una única manera correcta de jugar. Cada peque puede explorarlos, interpretarlos y utilizarlos como quiera.

Queremos que se muevan, investiguen, tomen sus propias decisiones y desarrollen sus capacidades de una forma natural.

Cuando la gente entra por primera vez suele quedarse bastante sorprendida. Muchas familias nos dicen: “¿Esto es una tienda de zapatos? Parece un colegio”. Y, de hecho, todo el espacio está construido cumpliendo normativa de centro escolar.

Es una idea original nuestra y, hasta donde sabemos, es un espacio único. Ojalá pudiéramos replicarlo en más lugares, aunque es un concepto difícil de trasladar porque necesita mucho espacio, naturaleza y unas condiciones muy concretas”.

– Feroz anuncia que en esta nueva etapa ya no habla únicamente de calzado barefoot, sino también de movimiento libre, infancia, comunidad y una forma diferente de entender la relación con las familias. ¿Qué quiere decir esto? ¿Cuáles serán las novedades?

“En realidad, no vamos a dejar de hablar de calzado barefoot para empezar a hablar de infancia, movimiento libre o familia, porque llevamos hablando de todo eso desde el principio.

Es precisamente lo que nos diferencia de otras marcas de calzado barefoot.

Nosotros nunca hemos entendido el zapato como un producto aislado. El zapato es solamente una pequeña parte del desarrollo infantil. Hablamos de pies, pero también de movimiento libre, autonomía, crianza, familia, comunidad y respeto a la infancia.

Nuestro propósito siempre ha sido difundir el respeto a la infancia, empezando por los pies.

Hemos hecho ahora un rebranding y hemos pasado de llamarnos Zapato Feroz a llamarnos simplemente Feroz. No nos quitamos la palabra “zapato” porque vayamos a dejar de hacer zapatos o porque el calzado vaya a tener menos importancia. Nos la quitamos porque se nos había quedado pequeña.

Feroz representa mucho mejor todo lo que somos y toda la labor divulgativa que hacemos alrededor de la infancia y las familias.

No hemos cambiado. Hemos crecido”.

– ¿La nueva etapa de Feroz tiene que ver con el juego colaborativo ConeXión Feroz, en el que las familias, unidas en tribus, participan en un gran reto colectivo por un premio?

“ConeXión Feroz no es la razón del cambio de marca, pero sí representa muy bien esta nueva etapa y la forma que tenemos de entender la comunidad.

Este año cumplimos diez años y queríamos celebrarlo de una manera diferente.

Nuestro crecimiento durante todo este tiempo ha sido principalmente orgánico. Nosotros prácticamente no hacemos publicidad pagada. Feroz ha crecido porque las familias han hablado de la marca, la han recomendado y se han ayudado unas a otras.

Hubo una época en la que se organizaban en grupos de WhatsApp para comprar en nuestros lanzamientos. Llegamos a tener una cola virtual, como las que se utilizan para comprar entradas de conciertos, porque entraba tanta gente al mismo tiempo en la web que podía llegar a caerse.

Las familias se coordinaban y la primera que conseguía entrar compraba para el resto.

ConeXión Feroz nace para recuperar un poco ese espíritu. Queríamos que esos grupos de WhatsApp volvieran a activarse, que las familias hablaran entre ellas, que recordaran todo lo que hemos vivido durante estos diez años y que trabajaran juntas.

Es un concurso para reconectar y para volver a sentirnos tribu.

En la crianza, la tribu es muy importante. Cuando estamos acompañados nos sentimos más seguros, compartimos nuestras dudas y entendemos que no tenemos que hacerlo todo solos”.

– ¿ConeXión Feroz está teniendo buena acogida?

“La acogida está siendo muy buena, pero para nosotros lo más bonito no es solamente el número de participantes.

Lo emocionante es ver cómo las familias han vuelto a organizarse, cómo han recuperado antiguos grupos, cómo comparten recuerdos y cómo vuelven a hablar de momentos que han vivido junto a Feroz durante estos diez años.

No queríamos organizar el típico concurso en el que se compra algo, se participa y se gana un premio. Queríamos crear una experiencia colaborativa que representara de verdad lo que ha sido Feroz: familias que se ayudan, que comparten y que hacen comunidad.

ConeXión Feroz es una acción especial que hemos creado para celebrar el décimo aniversario y, sobre todo, para dar las gracias a todas las familias que han hecho posible que lleguemos hasta aquí”.

– Recientemente ha sido galardonada por ASEME con el Premio Empresaria PYME del Año 2025. ¿Qué le reconoce el jurado de este premio?

“El Premio Empresaria PYME del Año reconoce el esfuerzo de mujeres que están al frente de pequeñas y medianas empresas y que destacan por su capacidad de innovación y por su impacto social.

En nuestro caso, creo que se ha valorado nuestra manera diferente de hacer empresa.

Feroz nació en 2016 buscando un calzado adecuado para nuestro hijo y, con el tiempo, se ha convertido en una marca referente en calzado respetuoso, sostenibilidad, bienestar laboral y conciliación.

Para nosotros, la conciliación tiene que ser real, no puede ser solamente una frase bonita. Aproximadamente el 85 % de las personas que trabajan con nosotros tienen hijos menores de diez años y nos encanta que puedan pasar tiempo con sus familias y estar presentes durante la infancia de sus hijos.

Intentamos crear una empresa en la que las personas puedan trabajar bien sin tener que renunciar a su vida familiar.

También se ha valorado la creación de Ferozland y toda la labor que hacemos para la comunidad. No queríamos construir únicamente unas oficinas o una tienda de zapatos. Queríamos crear un lugar en el que sucedieran cosas, donde las familias pudieran venir, aprender, jugar y compartir.

Para mí, este premio reconoce que se puede hacer empresa de otra manera: siendo rentable, pero poniendo también en el centro a las personas, a las familias y al impacto que dejamos en nuestro entorno”.

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