Álvaro estaba convencido de que una de sus principales responsabilidades como jefe de equipo era ayudar a crecer a las personas. Y tenía razón.
Por eso, cada vez que encontraba una formación interesante, intentaba que su equipo participara: Comunicación. Gestión del tiempo. Trabajo en equipo. Atención al cliente. Herramientas digitales. Gestión de conflictos…
Todas parecían útiles. Muchas, probablemente, lo eran. Sin embargo, empezó a percibir algo que no esperaba.
Cada nueva formación era recibida con menos entusiasmo. El equipo no rechazaba aprender. Estaba saturado.
Las sesiones comenzaban a interferir con el trabajo diario y, sobre todo, no dejaban tiempo para aplicar lo aprendido. Antes de poner en práctica una herramienta, llegaba otra.
Antes de consolidar un nuevo comportamiento, aparecía un nuevo concepto. Antes de revisar qué había funcionado, comenzaba el siguiente curso.
Álvaro había convertido la formación en una sucesión de actividades, pero no en un verdadero proceso de desarrollo. Y esa diferencia es importante.
Una acción formativa puede aportar conocimiento, pero un programa de desarrollo debe conseguir que ese conocimiento provoque cambios y se transforme en nuevas formas de trabajar.
Para que eso ocurra, entre una formación y la siguiente debe existir espacio para probar, adaptar, equivocarse, recibir feedback y volver a intentarlo.
Formar no consiste únicamente en incorporar contenidos. También exige crear las condiciones necesarias para aplicarlos.
Por eso, antes de programar una nueva formación, una organización debería preguntarse:
- ¿Qué comportamiento queremos cambiar?
- ¿Qué herramienta queremos que empiece a utilizarse?
- ¿Qué tiempo tendrá el equipo para practicar?
- ¿Quién acompañará la aplicación?
- ¿Cómo sabremos si la formación está produciendo resultados?
La formación es imprescindible, pero entre formación y formación, hay que tomar acción.
Tenemos que entender la formación como parte de un proceso más amplio: analizar, aprender, aplicar, acompañar y consolidar.
No se trata de que un equipo haga muchos cursos, el objetivo es que pueda trabajar mejor después de haberlos realizado.
¿En tu organización se deja tiempo para aplicar lo aprendido o una formación empieza antes de haber aprovechado la anterior?