Por Matías Fonte-Padilla
Los emprendedores/as somos personas con un sueño, pero sobre todo somos capaces de hacer lo que sea por lograrlo. Somos resistentes, luchadores, persistentes, tozudos, trabajadores a más no poder, arriesgados, y mucho más. Somos duros como diamantes, inspirados y concentrados en alcanzar nuestra meta. Y es verdad, somos verdaderos diamantes, lo más valioso del tejido empresarial, sin nosotros no habrían negocios, ni economía.
A diario tenemos que cerrar los ojos y los oídos a todos los datos y personas que nos muestran que estamos equivocados, que no vamos a conseguir nuestro objetivo, que es mejor dejar de ser empresario, que lo más adecuado es conseguir un buen empleo, y si ya logras aprobar unas oposiciones y ser funcionario, eso es el éxito total; que no vale la pena arriesgar tu dinero, tu tiempo, tu familia, tu vida, simplemente por tener una empresa. Tienes que luchar contra ti mismo/a cuando en tu mente surgen esos pensamientos negativos que te destruyen la autoestima, que te aseguran que deberías dejarlo, que no vale la pena, que no vales lo suficiente, que no estás preparado/a, que vas a fracasar, etc. Todo lo que te rodea parece estar orientado a que seas empleado, y tú te empeñas en nadar a contracorriente, en una constante carrera de obstáculos, cuando lo más sencillo sería dejarlo todo y tener una nómina.
Todas estas experiencias que tratan de tumbar nuestro sueño nos van forjando a medida que las superamos. “Lo que no te mata te hace más fuerte”, pero también nos van endureciendo, volviéndonos más tozudos e intolerantes con los que no piensen como nosotros. Y aquí es donde empieza el peligro, porque nos vamos creando una armadura que nos protege del exterior, y nos ayuda a seguir adelante. Pero esa misma armadura también nos está aislando de lo que ocurre a nuestro alrededor, y nos volvemos ciegos y sordos.
El volvernos impermeables a la información exterior es un gran error para el empresario. Un verdadero emprendedor tiene que estar con los ojos y oídos bien atentos, captando todo lo que pueda tanto del exterior de su empresa como dentro de ella. Si no es así, actuará errando continuamente porque no se estará enterando de la realidad, ni adaptándose a las circunstancias.
Con respecto al exterior, debemos mantenernos al día de todo lo que sucede, cómo está nuestro país, nuestra ciudad, nuestro barrio, cómo están funcionando las empresas de nuestro propio sector, nuestra más cercana competencia, cómo funcionan nuestros proveedores, y si existen otros mejores; qué nichos de mercado podemos detectar para seguir mejorando, qué tipos de clientes tenemos y que es lo que están demandando, etc.
Con respecto al interior de nuestra organización, tenemos que ser capaces de medir los parámetros que nos indiquen como nos está yendo: número de clientes, de pedidos, de ventas, facturación, producción, almacenamiento, contabilidad, gastos fijos, problemas y oportunidades de mejora, etc. Pero sin duda el elemento más importante en el que debemos tener puestos nuestros sentidos son nuestros trabajadores, esas personas que son las que están logrando que la empresa funcione, cumpliendo cada uno con su función. No hay nadie que mejor conozca tu empresa que ellos, de hecho, saben más que tú de la realidad de tu propio negocio. Mis pregunta son ¿los tienes en cuenta a la hora de tomar decisiones?, ¿los escuchas?, ¿estás pendientes de toda esa información que generan, tanto consciente como inconscientemente?
Hay emprendedores que creen tener siempre la razón, y que creen que dominan su negocio, por lo que consideran que deben prescindir de las opiniones de sus trabajadores, y si alguien hace algún comentario sobre como mejorar, lo censuran directamente, para que eso no vuelva a ocurrir. Crean una cultura empresarial de silencio y miedo. Son tan orgullosos que a veces no implementan una buena idea simplemente porque la ha sugerido un empleado. Y así, premia a los mediocres, a los que sólo saben trabajar, pero no piensan en como modernizar la empresa. Y a la larga los empleados con afán de mejorar se terminan yendo de esa empresa, porque no se sienten valorados ni tienen su espacio para crecer en ella, no pueden progresar y se terminan frustrando.
Por supuesto que es el emprendedor quien tiene la idea del negocio, y que como un capitán sabe hacía donde hay que dirigir su buque, pero debe dejar espacio para que toda la tripulación cumpla con su papel, y aporte sus ideas para mejorar la travesía. Es impresionante ver lo que crece una empresa cuando valora y tiene en cuenta a sus empleados, cuando les permite poner en práctica sus iniciativas. Hay que dejar que sean capaces de arriesgar como empleados, y equivocarse para aprender. El emprendedor también debe saber delegar, y que sean otros los que realicen las funciones, incluso las más comprometidas. Para todo ello debe tratar de ser empático con su clientes internos (los trabajadores), favorecer la implicación, el compromiso y la fidelidad, y definir muy bien la forma de trabajar, en la que haya margen suficiente para la creatividad.
Así que como emprendedor hay que ser testarudo, pero también tener los sentidos muy abiertos, y ser extremadamente receptivos tanto al exterior como al interior del negocio. Contar con los empleados es imprescindible para el éxito, que nunca se alcanza en soledad, sino con un gran equipo. Crea Tu Futuro y disfruta del camino. Será duro, pero será tuyo. Y empieza hoy. ●