Un divulgador de la historia, dos geólogos y un escultor han hablado, cada uno desde el punto de vista de su disciplina, sobre ‘La piedra de las casas del Corregidor y de los Capitanes en La Laguna’, su situación actual y anécdotas sobre la historia de estas edificaciones de la ciudad de La Laguna. Fue el pasado día 11 de mayo, en la sede de la Real Sociedad Económica de Amigos del País de Tenerife, con la intervinieron de: Nemesio M. Pérez Rodríguez, coordinador científico del Instituto Volcanológico de Canarias (INVOLCAN); José A. Rodríguez Losada, director del área de Volcanología del INVOLCAN y profesor titular de la ULL; Carlos Leocadio González López, escultor, licenciado en Bellas Artes y técnico en Artes Plásticas y Diseño; y Alfonso Soriano Benítez de Lugo, autor del libro ‘Casas y Familias laguneras’. Todos ellos coincidieron en señalar que el deterioro es tan grave, en algunos casos, que sería muy difícil la recuperación, y en otros, sería totalmente imposible, afectando así a algunas de las representaciones arquitectónicas más importantes de la ciudad, desde el punto de vista artístico e histórico.
Alfonso Soriano Benítez de Lugo inició la charla llamando la atención sobre el hecho de que la única ciudad de Canarias, declarada patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, La Laguna, no ha reconocido que “los edificios que están en el casco histórico merezcan una protección especial”.
El político e historiador hizo luego una pormenorizada descripción de los inmuebles más importantes del casco histórico de La Laguna, prestando mayor atención a los construidos con una cantería de toba roja, que son los que presentan un mayor deterioro.
De la casa Llarena San Martín, la más antigua de todas, atribuida su construcción a Alonso de Llarena san Martín Cabrera, nieto del conquistador Alonso de Llarena el Viejo, que fue regidor perpetuo de Tenerife, y que está situada en el número 69 de la calle Herradores, esquina con Núñez de la Peña, y por la semejanza de las columnas toscanas de la casa de Lercaro, podría ser contemporánea de esta. De la casa solo se conserva una portada renacentista de cantería roja, de lineas muy sencillas y sobrias, enmarcadas en dos pilastras cajeadas sobre plinto (siglo XVI).
De la casa Riquel Salazar, en la calle la Carrera, número 15, dijo que la mandó edificar en el siglo XVIII el regidor perpétuo y castellano de la fortaleza de San Cristóbal del puerto de Santa Cruz, don Antonio Riquel de Angulo. Destaca la portada central de cantería roja, que ocupa las dos alturas, sobrepasa el alero y se remata con un frontón curvo y dos esferas a ambos lados. Sobre la ventana central del edificio se sitúa el escudo familiar de los constructores en mármol blanco que destaca del color rojo de la fachada.
De la casa de Los Capitanes o de Alvarado Bracamonte, que está en la calle de La Carrera, numero 5, esquina con la calle de Viana, hoy dependencia municipal, dijo que su fachada tiene un grave deterioro. Fue mandada a edificar entre 1624 y 1631, por don Diego de Alvarado Bracamonte y Crespo, fortificador general y capitán general de las Islas Canarias. La fachada es de corte renacentista, la portada central ofrece cantería de piedra roja con pilastras almohadilladas sobre pedestal y capitel toscano, balcón de hierro sobre ménsulas y frontón partido rematado por una bola en su centro. La ventana se enmarca también en cantería, así como la esquina.
De la Casa del Corregidor, contigua al edificio del ayuntamiento en la calle de La Carrera, dijo que se le llama por ese nombre por servir de alojamiento a los corregidores durante su gobierno, que eran una especie de delegado regio. El primer corregidor, Jiménez de Sotomayor, fue el que ordenó la construcción de esta casa en el siglo XVI. Su construcción se había acordado por el Cabildo de la isla en los primeros años después de conquistada. Cree que tiene la portada más antigua de La Laguna. La construcción se inició en 1540 y se finalizó en 1545. Lo único que se conserva de la edificación original es su portada, única en las isla, de cantería roja de corte plateresco, que abarca dos plantas hasta rebasar el alero del tejado en su composición ascendente. El portal adintelado, flanqueado por columnas acanaladas con capitel corintio, con los escudos a los lados del corregidor Sotomayor y del Cabildo de Tenerife. La segunda altura consta de dos columnillas platerescas de fina talla situadas a ambos lados de la ventana donde se localiza como remate el escudo imperial de Carlos V.
Nemesio Pérez Rodríguez, aclaró que su charla trataría de explicar cuáles son las rocas con las que se construyó la casa del Corregidor, cuál es la génesis de esas rocas y cuáles los problemas a los que se enfrenta en función de su estabilidad físico-mecánica. Y concretó que estas rocas rojas son en realidad de tobas de piroclastos basálticos. Aunque en Canarias también existen tobas piroclásticas no basálticas, más ácidas del tipo de las traquíticas fonolíticas, que todos conocemos como tosca. Pero en este caso son de origen basáltico, que a diferencia de las tobas piroclástivas traquíticas que son de flujo, estas son aéreas.
José Antonio Losada explicó que la génesis de todas estas rocas se produjo en erupciones estrombolianas. Generalmente son materiales que se encuentran en antiguos conos volcánicos de picón enrojecido, en los que también se puede ver bombas volcánicas, fragmentos de escoria… Todos estos edificios volcánicos, están incluso fosilizados en toda la serie de lavas y piroclastos en este caso del edificio de Anaga. No solo hay apilamiento de lava, también hay conos volcánicos fósiles, y en muchos de estos, el picón, el lapilli, la ceniza, se han enrojecido fundamentalmente porque contiene mucho hierro, que forma óxido férrico y que tiende a enrojecer toda la roca.
Estos piroclastos son fragemento de magma proyectados en forma de picón, lapilli o bombas volcánicas. En su origen ese material es vidrio volcánico de color negro brillante, pero con el paso del tiempo se va enrojeciendo y cohesionando. Los fragmentos se pegan unos a otros, y la roca acaba siendo moederadamente cohesiva.
Nemesio Pérez señaló que según la Litoteca de Canarias, la roca de la casa del Corregidor puede provenir de una cantera ubicada en Las Mercedes, concretamente la del Obispo, de donde procede probablemente las rocas con las que se construyeron muchas de las fachadas de las casas de La Laguna. Y señaló también la toba roja piroclástica extraída de la cantera de Vegaipala en la isla de La Gomera, que es tipo de roca muy peculiar, fácilmente reconocible, aunque su origen es similar a la de Las Marcedes porque procede de un cono de piroclastos de composición basáltica que se ha enrojecido.
Sobre las propiedades físico-mecánicas de estas rocas, Nemesio Pérez citó el estudio realizado por José Antonio Losada y por Luis E. Hernández, jefe de la Unidad Funcional de Geo-materiales del INVOLCAN, profesor asociado de la ULL y jefe de Control de Calidad de la Construcción del GOBCAN. Según esta investigación, la resistencia a la compresión simple de estas rocas es muy bajo, entre los 5 y los 10 Mpa. Es muy inferior a los 50, 70 o 100 Mpa que tiene un basalto masivo. Y la densidad aparente también es menor, debido a la porosidad. Por lo tanto, son rocas más fácil de trabajar. Y sobre las patologías que suelen afectar a este tipo de rocas, señaló que son: erosiones, desprendimientos, ataque de hongos litófagos, y cristalización de sales.
Carlos Leocadio González López inició su intervención recordando el motivo por el que se fundan las academias de bellas artes en Europa, y de lo importante que es para un artesano tener conocimientos amplios de los materiales que utiliza y de las herramientas con las que trabaja. “Las academias de bellas artes se fundan a lo largo del siglo XVII debido a que los talleres están cerrando, porque no se producen grandes encargos, como en épocas anteriores, cuando se proyectaban grandes trabajos y participaban muchos artesanos de diferentes disciplinas”.
Seguidamente Carlos Leocadio González describió como fue el proceso para descubrir los graves desperfectos en los que se encontraba la casa del Corregidor. “Pedí al ayuntamiento que dejara sacar fotografías de la casa del corregidor con el fin de reproducir los dos escudos, y posteriormente un proyecto de reproducir las portada entera de la fachada. Solo queríamos sacar fotos y tomar medidas de los escudos, pero nos encontramos con muchas sorpresas, una gran cantidad de desperfectos”.
Valoró el estado de conservación de cada elemento de la portada, utilizando la escala que usa la Agencia Estatal de Meteorología: verde, sin riesgo; amarillo, poco riesgo; naranja, riesgo alto; y rojo, riesgo extremo. Durante su intervención Carlos Leocadio González enseñó, mediante diapositivas, diferentes elementos de la portada, y señaló el tipo de desperfecto y el nivel de degradación.
De la base de una de las columnas dijo que estaba afectada por hongos y por líquenes, pero eso no era lo más importante. Lo más grabe es la intervención humana, en la aplicación de cemento y la perforación con clavos.
De las columnas dijo que tenían tornillos, tacos, grietas con empastes de cemento. Y en algunos casos estaban producidos por el mal uso de la bujarda, “un martillo que se utiliza para unificar las formas, que tiene en las dos caras de la cabeza pequeñas pirámides unidas por su base. Consigue dar formas planas y redondeadas, pero a la vez, por los golpes continuados, debilita la estructura de la piedra, se abre el poro, y con el paso del tiempo se erosiona y se forman como capas de cebolla.
Se puede ver en las partes bajas de las columnas, cuyos motivos en algunos casos están totalmente perdidos, al 100%, por diferentes motivos”.
También habló de los desperfectos de otros elementos, como las pilastras adosadas, agrietadas; de los capiteles, totalmente descompuesto, con un riesgo alto; de la inscripción, con un riesgo extremo, porque se está desmoronando; del escudo de Carlos V, totalmente fragmentado, lleno de grietas, tanto que no se distinguen las formas, tiene un riesgo extremo; del escudo del Corregidor, con riesgo alto aunque no extremo, porque las formas se han erosionado, se nota la acción de una cuña; del escudo de La Laguna, con riesgo alto, las formas están erosionadas, y hay zonas de la piedra que están más dañadas y golpes en las esquinas, con empastes de mortero. “Estos escudos se podrían fotografiar o escanear y luego reproducir de forma informática, pero no tendría que ver nada con el trabajo de un artesano”, señaló.
De la Casa Alvarado Bracamnete, o de Los Capitanes, dijo que en general el riesgo es extremo. “La columna que marca la portada, el deterioro es máximo. Aparecen empastes por muchos sitios y clavos que dañan la estructura de la piedra. En el interior, la base de una columna, tiene fragmentos cortados con una radial, como si fuera un queso. Muchos arquitectos, aparejadores, escultores, quieren innovar y dejar su sello en algunas obras, y han encontrado esa manera”, señaló. En muchos sitios se utiliza el cepillo de alambre para limpiar la piedra. Si se hace en zonas sin adornos, el deterioro no es mucho, pero si la piedra tiene detalles esculpidos, el deterioro puede ser mayor.
Del papel que ha jugado el hombre en el deterioro de estas dos construcciones, Carlos Leocadio González puso como ejemplo la situación en la que está el frontón de la casa de Los Capitanes. “La bola que remata el frontón partido, ahora está rodeada por una red, para que no se desprenda, además las molduras del tímpano están afectadas por un cable que las cruza de lado a lado, y tensado de tal manera que ha roto las molduras”.
